No todas responderán por igual a los aumentos de temperatura previstos alrededor del globo. En el norte de Australia, los corales ya han desarrollado una resistencia genética al calor.

Ciertas especies como los corales, que viven en aguas más calientes que lo habitual, han desarrollado variantes genéticas necesarias para resistir un aumento de las temperaturas.

Así lo revela un estudio de la Universidad de Texas en Austin, que publica hoy la revista Science, que comparó poblaciones de una misma especie de la barrera de coral australiana, pero que habitan en zonas de distinta temperatura.

Según los investigadores, los humanos podrían ayudar a la dispersión de estos genes, llevando larvas de los corales que presentan esta resistencia a las poblaciones que viven en las zonas más templadas.

«Un cambio de temperatura, de presión o de régimen de precipitaciones es algo ante lo cual un ser vivo responde adaptándose, lo que implica que va a cambiar una determinada frecuencia en que se presentan ciertos tipos de genes», dice el biólogo del departamento de Ecología de la Universidad Católica, Pablo Marquet. «Eso es normal que suceda, pero lo sorprendente es que ocurra en intervalos de tiempo relativamente cortos como los que prevé el cambio climático».

Según Marquet, muchas especies tienen la plasticidad para lograr que con los mismos genes que tienen sea posible que se adapten a un escenario de cambio climático.

Sin embargo, habrá otras que no serán capaces de responder y por eso los científicos están hablando ya de migración asistida, que es más o menos lo que proponen los investigadores del coral. Es decir, mover variedades de una especie, que cuentan con la adaptación requerida, hacia otras poblaciones que carecen de ellas, con el fin de promover la dispersión de determinados tipos de genes que pueden ser favorables.

Pero eso puede tener un problema. «Existe la posibilidad de que hubiera efectos negativos y que por adquirir ese gen que le permite adaptarse al cambio climático, esa población perdiera alguna propiedad favorable que solo se manifestaba en la ausencia del gen introducido, y que le era fundamental para mantenerse en el sitio que vive hoy. No es tan fácil tomar estas medidas; puede que haya un costo», sostiene el biólogo e investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad.

Poseer sangre fría o caliente es otro factor que favorece o complica, según un estudio de la U. de California Berkeley publicado el mes pasado en Proceedings of the Royal Society B.

El trabajo dice que incluso entre las especies de sangre fría habría diferencias. Las que viven en el agua, como los peces, cangrejos y langostas, tendrían una mejor adaptación a temperaturas más calientes que los lagartos e insectos.

«Como estos últimos no son capaces de tener un control más fino de la temperatura, es muy probable que un aumento de ella los lleve a estar muy cerca de su límite de tolerancia térmico. Lo más seguro es que se sobrecalienten».

El cambio climático no va a ser el mismo para todos, enfatiza. «Cuando se habla de que el calentamiento será de 2 grados en promedio, significa que en algunas partes llegará a cuatro grados y en otras será cero. Eso implica que algunas especies se verán favorecidas y otras no».

Es algo que ya está ocurriendo en la Antártica, donde debido a una tasa de calentamiento bastante alta se ha producido una colonización de especies vegetales continentales y animales de zonas menos frías. Pero este éxito podría ser temporal. «Puede que se encuentren con otras especies que se los coman o que llegue una bacteria o patógeno que les afecte».

Fuente: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=156919