Quedan apenas tres años para salvaguardar la seguridad climática del planeta. Tres años y no 30 como se ha fijado en acuerdos como el de París.

Nuevos hechos así lo sugieren, de acuerdo con un artículo publicado en Nature, por Christiana Figueres (exsecretaria de la Convención sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas y cinco líderes más.

El límite está cerca: 2020. Eso sugiere un reporte preparado, entre otros, por Carbon Tracker, Yale University Climate Action Tracker y el Postdam Institute. Si las emisiones de gases de invernadero continúan creciendo después de ese año, será casi imposible alcanzar las metas de temperatura máxima que persigue el Acuerdo de París.

¿Acuerdo de París? Hace un mes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que su país se retiraría porque solo concede ventajas a los países rivales. No cree en el cambio climático como obra humana.

Sin Estados Unidos las metas fijadas en París, como reducciones voluntarias para evitar que la temperatura suba más de 2 °C con respecto a la era preindustrial, ojalá 1,5 °C, parecen imposibles para unos y arduas pero posibles para otros.

Si quedan pocos años, el debate se reabre. ¿Sirve ese acuerdo celebrado con bombos a finales de 2015?

Hay críticos acérrimos. Uno de ellos es Bjorn Lomborg, director del Centro de Consenso Copenhague. Otro, James Hansen, el científico que entonces en la Nasa, reveló con su grupo en 1988 que se estaba presentando un efecto invernadero que atrapaba los gases emitidos, causando con un 99 % de certeza el calentamiento global.

Lomborg dijo desde un comienzo que el Acuerdo no garantizaba mantener la temperatura debajo de 2 °C. Ni con ni sin Estados Unidos se logrará.

Los costos, ha sostenido, son inmensos: los recortes en el uso de combustibles fósiles serán de 1 a 2 billones de dólares al año, fuera de la ayuda de 100.000 millones anuales de los países ricos a los pobres.

Sería imprudente, dijo, seguir el acuerdo sin Estados Unidos, porque los costos serán mucho más elevados, por encima del billón de dólares anuales.

Ese dinero, y todo el esfuerzo, deberían concentrarse mejor en hacer que la energía verde sea competitiva. Si la generación y almacenamiento de las energías solar y eólica fueran más baratas que los fósiles, las emisiones caerían.

Hansen califica el Acuerdo de basura y cita a la profesora Mary Wood de la Universidad de Oregón: hay algunas cosas guardadas en fideicomiso por la actual generación hacia las futuras, como el derecho a tener un planeta habitable.

Los jóvenes, personas que tienen 10 a 20 años, vivirán en un planeta diferente, con un mapa diferente, sin varias islas y ciudades actuales porque el mar se las tragará.

La única manera, ha expresado, es encarecer los combustibles fósiles.

¿Entonces, son irreales los anuncios hechos en París?

A la cita los países llegaron con promesas de reducir tal cantidad de emisiones que daba para que la temperatura del planeta, sin embargo, siguiera de largo sobre el límite hasta 2,7 °C.

El acuerdo

En París, el 12 de diciembre de 2015, 195 países acordaron intensificar las acciones para reducir las emisiones de gases de invernadero. No hay una obligación para cada uno. El compromiso es presentar metas que serán evaluadas cada cinco años. Aprobaron que las reducciones fueran mayores a las que tenían prometidas hasta ese momento.

Se acordó llegar a un pico de emisiones en los próximos años para luego reducirlo de manera drástica.

No se establecieron plazos concretos (el acuerdo rige desde 2020) aunque sí el objetivo de no permitir que la temperatura global supere los 2 °C al año 2050.

La falta de metas concretas y compromisos ha sido la base de distintas críticas. Cada país podría modificar las contribuciones nacionales, aparte de que continúa el mecanismo de pago por emisiones.

“No hay acción, solo promesas”, escribió el activista climático Bill McKibben. El acuerdo fue diseñado para 1995, no para hoy ni para 2020.

Fue más allá: es imposible cumplir la meta. A hoy ha aumentado 1 °C y por la sola inercia, dijo, subirá 0,5 °C. Para que no aumente más la reducción de emisiones tendría que ser radical y ahora, y ningún país está dispuesto a ello.

La actualidad

¿Por qué entonces el llamado urgente de Figueres y demás?

Un reporte presentado en abril por las instituciones que los respaldan sugiere que si las emisiones continúan creciendo más allá de 2020 o si incluso se mantienen estancadas será casi imposible lograr la meta de temperatura ansiada.

Luego de todo lo que ha emitido, la humanidad solo dispone ahora de un crédito de carbono de entre 150 y 1.050 gigatoneladas de carbono (una Gt equivale a 10^9 toneladas). El rango tan amplio se debe a los diferentes métodos de cálculo.

A la tasa actual de emisiones de 41 Gt de CO2 por año, el límite inferior se cruzaría en cuatro años y la mitad (600 Gt) en 15 años. Si la tasa se mantiene como hoy, apenas se agote el crédito habría que dejar de emitir por completo, lo que no parece real.

En mayo la concentración de CO2 en la atmósfera estuvo en 409,3 partes por millón, no tenidos en decenas de miles de años. Mientras, el nivel del mar está subiendo 3,3 milímetros al año según un estudio de junio en Nature Climate Change y un análisis de expertos de Climate Central atribuye las olas de calor intensas de este año en Portugal, España, Inglaterra y otros países al calentamiento global.

El pedido de Figueres concuerda con el que emitió tras el Acuerdo el científico Kevin Anderson, del Tyndall Centre en el Reino Unido: “Si esperamos hasta 2020 será demasiado tarde”.

Tal es el panorama con Estados Unidos involucrado en el proceso, ¿qué esperar sin él? Lo logrado en París se antoja insuficiente.

Durante los últimos tres años las emisiones globales se nivelaron, no han subido, pero los indicadores críticos continúan para arriba.

Los próximos años a 2020 y un poco después dirán si se contuvo la amenaza o habrá que hacer lo que pocos pueden y desean hoy: un recorte drástico en emisiones.

Fuente: El Colombiano