La microbiología, glaciología y climatología están entre las áreas más afectadas al no poder usar desde noviembre a marzo este campamento no permanente situado a mil kilómetros del Polo Sur.

Por primera vez, tras cuatro años de exitosas operaciones, los aviones de la FACh no alcanzarán la base no permanente de Glaciar Unión, que se había transformado en la principal puerta de acceso de la ciencia antártica chilena al Polo Sur por estar apenas a mil kilómetros de ese hito geográfico.

Las razones esgrimidas son presupuestarias, ya que el Ministerio de Defensa no dispone al menos esta temporada (noviembre 2017 a marzo 2018) de los recursos para financiar las operaciones de transporte de personal y científicos, como tampoco su manutención.

Para Gino Casassa, glaciólogo de la Universidad de Magallanes y Geoestudios, la decisión es un balde de agua fría para todos los investigadores que trabajaban en el área. «Es un retroceso respecto de un avance muy relevante que se había hecho».

Advierte que si se suspende una campaña de este tipo es muy probable que se pierda más de un año de avances, debido al deterioro de equipos instalados e infraestructura. «Es una muy mala noticia que refleja una mala estructura orgánica del programa antártico, porque somos muy cortoplacistas. Refleja que no hay un acuerdo entre las distintas entidades responsables. Se planifica uno, dos, tres años, pero no miramos más allá».

Coincide la microbióloga Jenny Blamey, directora de la fundación Bioscience. «Creo que es un error importante desde el punto de vista científico y también estratégico, ya que estábamos entre los primeros países que lograban llegar allá». En algún momento del futuro, dice, la Antártica finalmente se va a repartir y lo que primará en esa decisión serán los descubrimientos que los países ocupantes hallan hecho allí en función del bienestar de la humanidad. «Es una importante pérdida de presencia», sostiene.

La microbióloga ya había realizado dos campañas en Glaciar Unión. «Lo que más nos llamó la atención es que uno esperaba que a tan baja temperatura la cantidad de microorganismos encontrados fuera bastante limitada, pero encontramos muchísima vida, no solo microorganismos, sino un montón de partículas virales, algunas no reportadas ni descritas antes».

También quedaron pendientes los nuevos muestreos del agujero de ozono y otros fenómenos climatológicos que realizaría el doctor Raúl Cordero, del Departamento de Física de la Usach. Deberá conformarse con realizar análisis solo en la península por este año.

Los turistas sí

Otro grupo de investigadores que se quedó con las ganas de volver fue el de la Universidad Andrés Bello, liderado por el geólogo Francisco Fernandoy, de la sede Viña del Mar, que trabaja obteniendo testigos de hielo del entorno glaciar para entender la evolución climática en el glaciar.

«Tenemos antecedentes preliminares para los últimos 40 años, pero la idea es hacer registros climáticos mucho más largos, ojalá de milenios». Admite que sin apoyo logístico les es imposible seguir adelante.

Aunque el programa antártico del gobierno chileno no estará presente, no significa que el Glaciar Unión deje de tener visitas este verano. Allí opera la compañía privada ALE, con más de 25 años de experiencia, que se dedica a llevar turistas millonarios y expediciones aprovechando la pista de hielo azul (no está cubierta de nieve) que está habilitada allí.

De hecho, el Centro de Estudios Científicos (CECS), que opera con recursos propios, siempre contrata sus servicios para llevar su expedición anual a la zona. Salvo algún cambio de estrategia de último minuto, serán los únicos científicos chilenos que llegarán allá.

Fuente: El Mercurio.