Ante un mundo afligido por el mayor número de refugiados de la historia, el lunes el Papa Francisco ha urgido a los gobiernos y las autoridades internacionales para afrontar de una vez las dos grandes causas de la tragedia de más de 70 millones de personas: las guerras y el cambio climático, en un orden de gravedad que puede llegar a alterarse.

En su discurso a la FAO con motivo del Día Mundial de la Alimentación 2017, el Santo Padre ha dicho sin medias tintas que «la relación entre el hambre y las migraciones sólo se puede afrontar si vamos a la raíz del problema», pues tanto Naciones Unidas como otras entidades «concuerdan en que son dos los principales obstáculos que hay que superar: los conflictos y los cambios climáticos».

El Papa les recordó a todos los Estados que la FAO nació en 1945 para aliviar el problema de hambre y masiva migración de refugiados al término de la Segunda Guerra Mundial. Por desgracia, la situación de «Tercera Guerra Mundial a trozos» como la ha llamado el Santo Padre, ha creado ahora una situación peor.

En cuanto a los conflictos armados, Francisco ha señalado que «el derecho internacional nos indica los medios para prevenirlos o resolverlos rápidamente, evitando que se prolonguen y produzcan carestías y la destrucción del tejido social».

Al mismo tiempo, es necesario «remediar la funesta plaga del tráfico de armas» y no quedarse solo en palabras, pues «¿de qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?».

En cuanto al cambio climático, el Papa ha subrayado que «vemos sus consecuencias todos los días». A día de hoy, gracias a los conocimientos científicos, «la comunidad internacional ha ido elaborando también los instrumentos jurídicos necesarios, como, por ejemplo, el Acuerdo de París, del que, por desgracia, algunos se están alejando».

Era una clara referencia a Estados Unidos, el segundo mayor contaminante de la atmósfera común después de China, que en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero encabeza la lista por contar con una población mucho mayor, pero que está en el buen camino para reducirlas.

Pero la responsabilidad es de todos los ciudadanos del planeta, y Francisco ha dicho que «estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo».

Para el Papa, «está claro que las guerras y los cambios climáticos ocasionan el hambre, evitemos pues el presentarla como una enfermedad incurable».

Naturalmente, hay otros factores que han contribuido a la crisis de los refugiados por lo que, según Francisco, «lo deseable es que todo esto se tenga en cuenta a la hora de elaborar el Pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada, que se está realizando actualmente en el seno de las Naciones Unidas».

A estas alturas, está ya claro que la prevención de la tragedia no solo ahorra un coste humano gigantesco y facilita la estabilidad de cada país, incluidos los que reciben refugiados, sino también que el coste de prevenir esos desastres es ya inferior al de remediarlos, una tarea complicada que requiere generaciones.

Como recordatorio de este Día Mundial de la Alimentación 2017, celebrado bajo el lema «Cambiar el futuro de las migraciones. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural», el Papa ha hecho entrega a la FAO de una estatua de mármol que representa al pequeño Aylan, un refugiado siriano cuyo cuerpo llegó en octubre de 2015 a una playa de Turquía. Al lado del pequeño cadáver, un ángel llora desconsolado por una muerte innecesaria.

Fuente: ABC.