Las variaciones en términos de humedad y temperatura, por ejemplo, están provocando que virus, bacterias, mosquitos y otros vectores se hagan más resistentes o aparezcan en zonas en donde no solían encontrarse. 

Fenómenos meteorológicos extremos y cada vez más frecuentes, como temporales, inundaciones, olas de calor y sequías, son parte de las consecuencias que el cambio climático está provocando en el planeta y que tarde o temprano afectarán la salud de la población. Para los expertos, ya no hay duda de que estas variaciones están favoreciendo la aparición de nuevas enfermedades y el resurgimiento de otras que se pensaba ya desaparecidas.

De hecho, las fuertes lluvias o el calor excesivo, así como los huracanes o cambios bruscos en las condiciones climáticas, todos derivados del calentamiento global, hacen más fácil la transmisión de virus, bacterias y parásitos.

«Lo que está claro es que hay una influencia del cambio climático en la salud; estamos viendo cómo está originando nuevas enfermedades, afectando a la flora y fauna, a la accesibilidad a los alimentos o al resurgimiento de enfermedades, como la del virus del zika», comenta Cristina Rabadán-Diehl, investigadora de la U. George Washington y directora de la Oficina de las Américas de la división de Asuntos Globales del Departamento de Salud de EE.UU.

La realidad está mostrando que las enfermedades transmitidas por vectores, como organismos vivos, ejemplo mosquitos, están alterando su capacidad contagiosa.

Los virus del dengue, el zika o el chikungunya son transmitidos por mosquitos, y estos, como organismos vivos, también cambian su zona de actividad, obligados a migrar por los cambios de humedad y temperatura.

«Gracias al cambio climático estamos viendo picos de incidencia en lugares donde antes no había mosquitos y ahora están llenos», explica el doctor Arturo Martínez, infectólogo y coordinador de Infectología y Microbiología Clínica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias de México.

Los efectos del cambio climático también pueden facilitar el contagio de enfermedades infecciosas, sobre todo de tipo respiratorio, por los cambios que sufre el sistema inmunitario.

Los más afectados son las personas que padecen asma, enfisema pulmonar o la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Los gases causantes del efecto invernadero -en su mayoría dióxido de carbono (CO2)- los hacen más susceptibles al daño pulmonar, aumentando la reactividad del órgano y, finalmente, propiciando el contagio de infecciones.

«El cambio climático hace que un huésped susceptible sea todavía más susceptible a infecciones», dice el especialista.

Pero no solo las personas vulnerables tienen más facilidad para contagiarse; cualquier persona sana ve también afectado su sistema inmunitario, debido a las variaciones climáticas que suceden a su alrededor y que desencadenan cambios en el estilo de vida.

Por ejemplo, en lugares donde no llovía, ahora hay lluvias torrenciales o las temperaturas son más extremas, lo que lleva a «estar más tiempo en casa o lugares cerrados, estar con más gente, no comer adecuadamente o, incluso, deprimirse -explica Martínez-. Por el contrario, si en lugar de estar en la calle en épocas veraniegas, el frío te obliga a confinarte en lugares cerrados como centros comerciales o restaurantes, es más fácil que haya contacto con personas portadoras de un virus».

Lo anterior también puede favorecer la resistencia de las bacterias a los antibióticos, a causa del mal uso. «Podemos imaginar lo que va a ocurrir si, por ejemplo, tenemos nuevas cepas de virus y de bacterias que están mutando para adaptarse al cambio climático», agrega Rabadán-Diehl.

«Salud es global, porque los problemas de salud son globales», enfatiza la investigadora, y agrega que hay que enfrentarse a estos problemas con alianzas internacionales, como ocurrió en los casos de epidemia del virus del ébola en África o del zika, en América.

Fuente: El Mercurio.