Tres años después del Acuerdo de París, la comunidad internacional detalló las reglas para su aplicación y fijó algunas de las directrices a seguir en los próximos años para luchar contra el cambio climático.

Estas son las principales conclusiones tomadas por los casi 200 países reunidos en la COP24 en Katowice (Polonia):

Ambición

La COP24 estaba llamada a mostrar su firme compromiso a revisar al alza en 2020 sus promesas de reducción de gases de efecto invernadero, después de que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU alertara en octubre de la urgencia de actuar de forma drástica ante el alza de la temperatura global.

Pero los países no pudieron acordar “acoger favorablemente” este informe debido a la oposición de un grupo de países encabezados por Estados Unidos y Arabia Saudita, que rechazaron reconocer su principal conclusión referente a que el mundo no puede permitirse una subida de 1,5 ºC.

Finalmente, se limitaron a “invitar a las partes a hacer uso de las informaciones contenidas en el informe”.

Tampoco avanzaron en su debate para aumentar sus metas de reducción de emisiones fijadas de forma voluntaria en 2015, contentándose en citar “esfuerzos para elevar las ambiciones en 2020”.

Seguimiento de los compromisos

Más de 160 países ya presentaron sus objetivos de reducción de emisiones y el resto deberá hacerlo de aquí a 2020. Cada cinco años, estos serán actualizados.

La COP24 fijó las reglas sobre cómo verificar que estas metas se cumplen a partir de 2024, siguiendo las directrices del IPCC en esta materia. Cada dos años, los países presentarán un informe detallando sus acciones climáticas, que será evaluado por expertos, pero sin tener la posibilidad de aplicar sanciones.

Cada lustro, a partir de 2023, los países harán un “balance mundial” de sus esfuerzos colectivos para lograr el objetivo de limitar la temperatura global.

En todos estos casos, se acordará una flexibilidad a los países menos avanzados y a los Estados insulares, en función de sus capacidades.

Financiamiento

El Acuerdo de París prevé que los países desarrollados ayuden financieramente a los países en desarrollo a reducir sus emisiones y adaptarse a los impactos del cambio climático. La COP24 insistió en la necesidad de que esta financiación sea “previsible” e invitó a los países ricos a elaborar un informe sobre esta cada dos años a partir de 2020.

Los países más pobres esperaron en vano gestos fuertes sobre las promesas de las naciones ricas a aportar una ayuda de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. Hubo no obstante algunos anuncios, como 1.500 millones de dólares de Alemania y 500 millones de dólares de Noruega.

Pérdidas y perjuicios

El Acuerdo de París reconoce la “necesidad de evitar las pérdidas y perjuicios” ligados a los impactos actuales del cambio climático, un punto que preocupa a Estados Unidos porque teme que esto abra la vía a procedimientos judiciales para obtener una indemnización.

Finalmente, esta mención quedó recogida en el acuerdo pero sin que esté sujeta a ningún tipo de financiación, como querían los países vulnerables.

Transición justa

En plena revuelta popular de los “chalecos amarillos” en Francia, muchos participantes en la COP24 habían abogado por subrayar que la transición ecológica debe ir acompañada de medidas sociales para el conjunto de los ciudadanos.

Pero la COP24 se limitó simplemente a tomar nota de la Declaración de Silesia presentada por Polonia, que reconoce la necesidad de tener en cuenta esta “transición justa” para con los trabajadores afectados por un abandono creciente de las energías fósiles.

Fuente: Radio Agricultura, 15 de diciembre de 2018