[Juego Limpio – El Mostrador] De Chile a España: dos desastres, una misma crisis climática

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Mientras Chile enfrentaba ríos atmosféricos que provocaron inundaciones, aluviones y pérdidas humanas desde el norte chico hasta la zona centro-sur, al otro lado del Atlántico España y Francia combatían algunos de los incendios forestales más devastadores de su historia reciente. Fuente: El Mostrador, 28 de julio de 2026.


A primera vista parecen tragedias distintas: aquí el exceso de agua, allá el calor y el fuego. Sin embargo, la ciencia muestra que ambas forman parte de un mismo fenómeno: una atmósfera más cálida está intensificando los eventos extremos y poniendo a prueba la capacidad de adaptación de los países. Los desastres ya no pueden entenderse como emergencias aisladas, sino como distintas expresiones de una crisis climática que modifica el comportamiento del sistema terrestre.

  • En Chile, los últimos temporales estuvieron asociados al paso de sucesivos ríos atmosféricos, enormes corredores de vapor de agua que transportan humedad desde el océano Pacífico hacia el continente. Aunque se trata de fenómenos naturales, una investigación publicada esta semana en Geophysical Research Letters, desarrollada por científicos de la Universidad Adolfo Ibáñez, la Universidad de Chile, la Universidad de O’Higgins y el Data Observatory, explica por qué algunos de estos sistemas desencadenan lluvias excepcionalmente intensas.

El estudio demuestra que, cuando la humedad transportada por estos ríos interactúa con la cordillera de los Andes bajo determinadas condiciones atmosféricas, la precipitación puede amplificarse considerablemente, aumentando el riesgo de inundaciones y deslizamientos. Comprender estos mecanismos, concluyen los autores, es fundamental para mejorar la preparación frente a eventos extremos.

Pero la investigación también deja entrever una pregunta incómoda: si hoy es posible anticipar con varios días de anticipación la llegada de ríos atmosféricos intensos y comprender mejor los factores que multiplican sus efectos, ¿por qué el país continúa enfrentando cada invierno pérdidas humanas, viviendas destruidas e infraestructura colapsada?

Chile figura desde hace años entre las naciones más vulnerables al cambio climático y cuenta con abundante evidencia científica sobre el aumento del riesgo de eventos extremos. Sin embargo, la planificación territorial, la protección de cuencas, la gestión de zonas inundables y la adaptación de infraestructura crítica siguen avanzando a un ritmo mucho menor que el de las amenazas climáticas.

  • La prevención continúa siendo el eslabón más débil de la respuesta. Y no solo es más débil sino también está en peligro como cuando para buscar una solución al problema habitacional, autoridades del nivel central proponen rellenar humedales y poner en su lugar casas.

En Europa, la otra cara de esta crisis se expresa a través del fuego.

España y Francia enfrentan una de las temporadas de incendios forestales más severas de las últimas décadas, impulsada por sucesivas olas de calor, una sequía prolongada y vegetación extremadamente seca. Solo en Francia, el fuego ha consumido más de 116.000 hectáreas, mientras que entre ambos países cientos de miles de personas han debido abandonar sus hogares ante el avance de las llamas.

  • La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que junio de 2026 fue el más cálido jamás registrado en Europa occidental, un récord que se suma a una sucesión de veranos cada vez más extremos. El servicio europeo Copernicus ha documentado que las olas de calor son hoy más frecuentes, más prolongadas y más intensas que hace apenas unas décadas, una tendencia que la comunidad científica atribuye al calentamiento global de origen humano.

Las altas temperaturas no encienden los incendios por sí solas, pero crean las condiciones para que cualquier foco se propague con una velocidad y una intensidad cada vez mayores.

Lo ocurrido este invierno en Chile y este verano en Europa refleja dos manifestaciones de un mismo sistema climático alterado. Una atmósfera más cálida puede retener aproximadamente un 7 % más de vapor de agua por cada grado Celsius de aumento de temperatura, según el principio físico de Clausius-Clapeyron, favoreciendo precipitaciones más intensas cuando esa humedad se condensa.

Al mismo tiempo, el aumento de la temperatura incrementa la evaporación, seca los suelos y la vegetación y prolonga las condiciones propicias para incendios forestales. La evidencia científica muestra que el cambio climático no se traduce únicamente en un aumento de la temperatura media del planeta, sino en una intensificación de los extremos.

Las inundaciones que golpearon a Chile y los incendios que hoy devastan Europa no son fenómenos aislados. Son expresiones de una misma crisis que exige dejar atrás la lógica de la respuesta a la emergencia para avanzar hacia políticas de adaptación capaces de anticipar un clima que ya cambió.