Columna de opinión de Manuel Guzmán Hennessey, investigador, columnista de opinión y profesor universitario. Actualmente se desempeña como director de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamerica Network -KLN-.

La encíclica del papa Francisco señala una alianza entre la humanidad y el ambiente, soportada en una educación para la vida.

La alusión que hace el Papa al patriarca Bartolomé trae consigo, a mi juicio, el mensaje central de su encíclica. El futuro de las negociaciones del clima no puede seguir en las exclusivas manos de los gobiernos centrales. Más allá de la ciencia y la economía, es un asunto de humanidad. Recuperar el humanismo que escamoteó la modernidad desde la potencia superior de la vida. Todas las iglesias tienen mucho que aportar, y todos los ciudadanos. A la Cumbre de París va directo el mensaje, mandato diría yo, ecuménico y global.

Para empezar a construir ese tipo de ciudadanía “ecológica” que ya había anticipado Danna Meadows cuando escribía sus columnas en The New York Times de 1980: The global citizen. Pero como nadie les prestó atención a ella ni a los límites del crecimiento, llegamos al borde del abismo que previó el Club de Roma. Aún hay tiempo para reaccionar, aunque poco, y si no empezamos en París, va a ser muy difícil superar la crisis entre el 2020 y el 2050.

El patriarca Bartolomé viene hablando de cambio climático desde antes de Kioto, la última vez en un foro de empresarios sobre responsabilidad, en Estambul. El mensaje: incluir a los empresarios. El Papa aprovecha la pertinencia de Bartolomé para hacerles una crítica a los objetivos de la Convención de Cambio Climático de las Naciones Unidas: “Si no vamos a las raíces éticas de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no solo en la técnica, sino en un cambio del ser humano, afrontaríamos solo los síntomas”.

Un segundo mensaje complementa el anterior. Es la hora de reconocer la limitada eficacia de la diplomacia y proponer una nueva y más ambiciosa alianza entre todos los saberes. La que señala Laudato Si es entre la humanidad y el ambiente, soportada en una educación para la vida. Volver a pensar en la noción del progreso y empezar a construir, ahora sí, una sociedad sostenible.

Una nueva economía que supere la primacía del capital sobre la naturaleza, como lo han señalado Piketty y Naomi Klein. Francisco escribe desde la ciencia y no simplemente desde la fe. Ojalá el mundo entienda. Y otrosí: no es casual que yo escriba esta columna junto a mi amigo perro Aliseiro Leiro, en Cartagena de Indias, para que pueda terminar esta columna diciendo que lo más conmovedor de la encíclica del Papa es san Francisco de Asís, quien les hablaba a los perros y a las flores, al sol y a la luna.

Manuel Guzmán Hennessey @GuzmanHennessey

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/todos-los-dioses-manuel-guzman-henessey-columna-el-tiempo/16006416