
La instancia, realizada entre el 8 y 18 de junio, también permitió avances parciales en el Programa de Trabajo de Transición Justa, con la aprobación de un texto que incorpora propuestas de la sociedad civil sobre el diseño de un futuro mecanismo. Fuente: FIMA, 26 de junio de 2026.
Luego de diez días de negociaciones en Bonn, Alemania, la conferencia intersesional SB64 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) cerró con avances acotados y varios asuntos pendientes para la próxima COP31, que se realizará a fines de año en Antalya, Turquía. Aunque se registraron progresos en materias como transición justa, persistieron desacuerdos en temas clave como adaptación y financiamiento climático, evidenciando las dificultades que siguen enfrentando los países para avanzar al ritmo que exige la crisis climática.
Las reuniones intersesionales de Bonn son una instancia clave dentro del proceso de negociaciones climáticas a escala global, ya que es allí donde los equipos técnicos de los países avanzan en los borradores de los textos que posteriormente serán discutidos en las Conferencias de las Partes (COP). Según Felipe Pino, coordinador de Programa en ONG FIMA, pese a su carácter técnico, estos espacios también reflejan disputas políticas entre distintos grupos negociadores, hoy marcadas tanto por las históricas diferencias entre el norte y el sur global sobre las estrategias de acción climática, como por las actuales tensiones geopolíticas y su estrecha vinculación con la extracción, comercio y quema de combustibles fósiles.
Para Pino, los resultados de Bonn muestran que las negociaciones climáticas continúan fuertemente condicionadas por estas diferencias, las que podrían incidir en el nivel de ambición que se alcance durante la COP31.
Adaptación y financiamiento: el principal nudo de la negociación
Uno de los temas que concentró mayores tensiones fue la adaptación al cambio climático, particularmente respecto del financiamiento destinado a que los países más vulnerables puedan enfrentar los impactos ya inevitables del calentamiento global.
Las negociaciones no lograron acordar un texto base para continuar el trabajo en esta materia, debido a desacuerdos sobre la inclusión de una referencia explícita a la necesidad de triplicar el financiamiento para adaptación. Mientras los países en desarrollo insistieron en incorporar este compromiso, los países desarrollados se mostraron reticentes a respaldarlo.
La falta de consenso terminó activando la denominada “Regla 16” del reglamento de la Convención, una señal de estancamiento en las negociaciones que dejó sin acuerdo un texto base para continuar el trabajo en esta área. El desacuerdo volvió a poner en evidencia las tensiones entre países desarrollados y en desarrollo respecto de las responsabilidades y recursos necesarios para enfrentar los impactos de la crisis climática, en un contexto en que la adaptación se perfila como uno de los temas críticos tanto para la COP31 en Turquía como para la COP32 en Etiopía.
Transición justa e implementación
Pese a los desacuerdos, Bonn también dejó algunos avances concretos. Uno de ellos fue la aprobación de un texto dentro del Programa de Trabajo de Transición Justa, considerado uno de los espacios clave para discutir cómo avanzar hacia economías bajas en carbono sin profundizar desigualdades sociales ni afectar a las comunidades y trabajadores vinculados a industrias intensivas en emisiones.
La propuesta aprobada incorpora diversas recomendaciones impulsadas por organizaciones de la sociedad civil respecto de las funciones que debería cumplir un futuro Mecanismo de Transición Justa (bautizado por la sociedad civil como el Belém-Antalya Mechanism o BAM), aunque todavía quedaron pendientes definiciones relevantes sobre su diseño, financiamiento y funcionamiento.
En términos generales, el debate sobre transición justa refleja la necesidad de avanzar simultáneamente en acción climática y justicia social dentro de las negociaciones internacionales, especialmente en un contexto donde los países mantienen diferencias significativas sobre el ritmo y las responsabilidades de la transición.
Sociedad civil y desafíos para la COP31
La participación de organizaciones de la sociedad civil es considerada clave para aportar conocimiento técnico, monitorear el desarrollo de las negociaciones y representar las preocupaciones de comunidades y territorios afectados por la crisis climática.
“Estar presentes en Bonn permite seguir de cerca la elaboración de los textos que luego se votan en las COP, identificar puntos críticos en materias como financiamiento, adaptación o transición justa, y visibilizar las brechas que muchas veces no quedan reflejadas en los acuerdos finales. La sociedad civil cumple un rol clave al mantener el foco en la ambición climática y en la justicia de las decisiones que se adoptan en estos espacios”, señaló Felipe Pino.
Bonn dejó varios asuntos pendientes para la próxima Conferencia de las Partes, entre ellos destrabar las discusiones sobre adaptación, avanzar en mecanismos efectivos de transición justa y fortalecer los compromisos de financiamiento climático por parte de los países desarrollados. Más allá de los acuerdos alcanzados, la conferencia evidenció la distancia que aún existe entre los compromisos climáticos internacionales y las medidas necesarias para implementarlos, un desafío que marcará las negociaciones de la COP31 en Turquía.