Un crecimiento en el nivel del mar, desertificación, incremento de huracanes grado 5, sequías, pérdida de glaciares y problemas energéticos son sólo algunas de las consecuencias a las que se enfrentaría la región de no frenar el aumento de la temperatura en el planeta.

Esta semana representantes de más de 200 gobiernos están debatiendo en el marco de la COP 21 en París para lograr un acuerdo que permita que la temperatura en nuestro planeta no suba más de 2° Celsius.

Pero, ¿qué implica para nuestra región esta barrera, cómo podría afectar a la biodiversidad que no se cumpla esta meta? “Somos la última generación que puede hacer algo al respecto”, decía el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante su intervención en Francia aludiendo a la importancia de llegar a un acuerdo con metas concretas para que la vida en la Tierra no esté en peligro y que pueda tener un desarrollo sostenible en el tiempo.

Un informe desarrollado por el Banco Mundial establece que el cambio climático es una amenaza clara y terrible para América Latina y el Caribe. Una amenaza en la que la región ha tenido poco o nada que ver en su gestación, pero de la que ya es parte importante de la solución.

Cómo se traduce en la región

De acuerdo a lo presentado por el organismo internacional, de no trabajar en favor de mitigar el aumento de temperatura, ésta podría elevarse hasta 4°C, lo que tendría consecuencias catastróficas, entre ellas: el 90% de la superficie terrestre de la región estará sujeta a eventos calóricos que en la actualidad ocurren una vez cada 700 años. Además, la cuenca del Amazonas y muchas áreas densamente pobladas experimenten sequías extremas.

Los glaciares, destacados por la inmensa reserva de agua que significan, habrán desaparecido para fines de este siglo, dejando como consecuencia un gran riesgo de inundación, para dar paso, posteriormente, a una fuerte sequía que afectará de manera directa ala comunidades que viven entrono a estos.

Si bien, en nuestro país los huracanes no son algo habitual, estos podrían ser más abundantes en la región, llegando a ser de categoría 5 de acuerdo a la escala Saffir-Simpson, con un impacto equivalente al que tuvo Katrina en 2005. Pero uno de los efectos más relevantes tiene que ver con el aumento masivo del nivel del mar, lo que sería devastador, especialmente, para el Caribe. Ciudades como Río de Janeiro y Barranquilla tendrían que hacer frente a un océano con 1,4 metros por sobre lo normal.

Qué pueden hacer los países

A diferencia de Kioto, este pacto busca ser inclusivo. Con la COP 21 se busca darle una participación activa a los países en vías de desarrollo, responsables del 65% de las emisiones actuales. “Eso no es malo, es algo bueno.

Lo que eso significa es que estos países se están desarrollando y no hay nada malo con ello. Pero lo que quiere decir es que no puedes resolver el cambio climático a costas del 30%- 35% de emisiones que representan los países desarrollados”, señala Todd Stern, enviado especial del Departamento de Estado de EEUU para el Cambio Climático. “Chile puede mejorar en todo, pero debería comenzar por racionalizar sus recursos naturales, como son el agua y la energía.

Podría hacer también un esfuerzo descentralizador que democratice a gran escala las transformaciones culturales que son necesarias para cuidar el planeta”, enfatiza Rodrigo Andrade, director ejecutivo para Latinoamérica de la ONG Diálogo Energético. Ellos realizaron junto a Schneider Electric un estudio donde se analizó la situación energética de Latinoamérica específicamente en Chile, Argentina, Brasil, Colombia y Perú.

La investigación, establece por ejemplo que cerca del 15-20% del consumo de energía en la región podría ser evitado utilizando medidas con períodos cortos de retorno. De esta forma lo que se busca es una mayor eficiencia de recursos para proteger el planeta.

Fuente: Pulso