Por Javiera Espinoza Valencia, géografa de Fundación Terram y coordinadora de la Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático.

Esta semana los líderes del mundo se reúnen en la Conferencia N° 21 sobre el Clima de las Naciones Unidas (COP21) en París, con el propósito de llegar a un acuerdo global y vinculante para frenar los efectos del cambio climático. Según un documento reciente de CAN-LA (Red de Acción Climática Latino América) “la COP 21 en París tiene que ser el momento en que todos los gobiernos estén de acuerdo en que el ritmo de la transformación para reducir los impactos del cambio climático tiene que ser mucho más rápido; que este tiene que ser justo e incluir las necesidades de los más vulnerables en su núcleo”.

CAN-LA dice que la COP 21 consiste en hacer eficaz el marco institucional global existente; se trata de asegurar que los vacíos institucionales globales que habían quedado sin resolver previamente se resuelvan; de que los compromisos anteriores de los gobiernos no sean solamente cumplidos, sino que se garanticen y se refuercen sobre nuevos compromisos aún más ambiciosos; de proporcionar el marco global adecuado para una agenda transformadora sobre el cambio climático que la gente de todo el mundo está exigiendo. El resultado de la COP 21 no debe dejar ninguna duda a la ciudadanía, las empresas, los gobiernos y otras partes interesadas sobre lo que el mundo necesita para transformarse ¡ahora!, y que el “Paquete de París” permite esta transformación.

Desde Chile, la presidenta Michelle Bachelet estará presente en la COP21 junto con el canciller Heraldo Muñoz, el ministro de Energía, Máximo Pacheco y el ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier. Chile quiere parecer un líder en la región en términos de su voluntad de enfrentar los efectos del cambio climático, sin embargo los compromisos de acción del país y la política pública nacional no reflejan este discurso.

La Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático, que reúne a 23 organizaciones ambientales, varias de las cuales son miembros de CAN-LA, pide al Gobierno de Chile que sea más ambicioso en su acción climática, ya que a su juicio éste no está haciendo esfuerzos suficientes por abordar el problema, pues todas las propuestas planteadas corresponden a acciones contempladas anteriormente. Lo comprometido por Chile a nivel internacional no corresponde al esfuerzo solicitado por la ciencia ni por la sociedad civil, si se quiere coherencia con la meta de no sobrepasar los 1.5 grados Celcius a fin de siglo. Chile puede jugar un rol más importante en esta materia, que contribuya realmente a liderar y empujar la posición regional en este aspecto.

Lo anterior significa abordar los efectos del cambio climático no solo elevando el compromiso de la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI), que es solo un tímido 30% al año 2030. En Chile la principal fuente de emisiones de GEI proviene del sector energía (generación eléctrica y transporte), donde sería un gran avance y prueba de liderazgo que nuestro país se enfoque en una matriz 100% de energías renovables al año 2050, al igual como lo están haciendo los países OCDE. Además, la adaptación es un eje central para nuestro país, y esto debe incluir el desarrollo de planes territoriales y políticas activas de descentralización, además de contar con financiamientos para su implementación. Asimismo, Chile debe construir territorios resilientes y a escala humana que aseguren la sostenibilidad de las prácticas culturales y formas de vida de los distintos territorios.

En todo eso, es importante que el Estado desarrolle e implemente políticas públicas a nivel local, así como formas en las cuales la sociedad civil -en toda su amplitud- pueda y deba participar activamente en los procedimientos normativos (consultas vinculantes) y en el monitoreo de los mismos (incluso el Papa Francisco lo indica en su Encíclica, LS 179).

Hasta que estos mecanismos se instalen, la sociedad civil va a seguir demandando al gobierno de turno tomar medidas más rigurosas para cambiar un modelo de desarrollo que está destruyendo nuestro país y el planeta. Por eso, nos movilizaremos el 29 de noviembre en el Día de Acción Global por el Clima. Pedimos nada menos que un acuerdo robusto y vinculante en París.