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La reconversión climática afectará a 160.000 empleos del carbón en Europa

La reconversión climática afectará a 160.000 empleos del carbón en Europa

Más de 160.000 empleos directos del sector del carbón –entre mineros y trabajadores de centrales térmicas– están en riesgo en Europa en el proceso de transición hacia una economía libre de gases de efecto invernadero. El Joint Research Centre (JRC) –órgano científico que asesora a la Comisión Europea– estima que las políticas encaminadas a limpiar el sector energético implicarán la pérdida en 2030 de dos tercios de los trabajos del carbón. Polonia, principalmente, pero también Alemania y República Checa serán los más afectados. Sin embargo, el JRC resalta las oportunidades en renovables que se abren paralelamente.

El JRC –en un reciente informe monográfico sobre el sector del carbón en la UE– estima en unas 240.000 las personas que en Europa trabajan aún en las centrales que queman carbón para generar electricidad y, sobre todo, en las minas que extraen este combustible fósil. Los normas puestas en marcha por la Comisión y los Gobiernos para luchar contra el cambio climático y la pérdida de competitividad de las explotaciones y centrales supondrán, según este informe, el cierre masivo de minas y plantas térmicas en la próxima década. En 2025, habrán desaparecido 77.000 empleos. En 2030, la cifra se elevará hasta más de 160.000, es decir, alrededor de dos tercios del empleo de este sector ahora.

Acometer una «reestructuración planificada», según el informe, es un reto para Europa en el que «las energías renovables desempeñan un papel central» para crear «nuevas oportunidades de empleo».

Polonia –que ahora acumula 112.500 empleos en este sector– será la gran afectada por esta transición. Solo en una región polaca, Silesia, la previsión es que se pierdan 40.000 puestos de aquí a 2030. En esta comarca del sur del país –donde está previsto que se celebre la próxima cumbre anual del clima de la ONU– trabajaban en las minas en 2015 más de 82.000 personas. También Alemania y otros países del este como República Checa, Bulgaria o Rumanía se verán afectados, pero en menor medida que Polonia.

Problemas en el Este

«En la Europa occidental la reconversión del carbón ya se realizó, pero por razones económicas y no ambientales», explica Joaquín Nieto Sainz, director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en España. Por ejemplo, en 1990 el 41% de todo el consumo final de energía en Europa procedía del carbón; ahora, está en el 16%. Un buen ejemplo es España, donde a partir de los noventa del siglo pasado acometió la gran reconversión. Pese a todo, también resultará afectada por la última oleada de cierres de centrales y minas (se perderán unos 5.400 empleos en España en la próxima década, según el informe).

Los problemas serios en Europa se darán en el Este. «Aún queda pendiente, y es importante, la reconversión en la Europa oriental», explica Nieto. Y en esta ocasión el medio ambiente en general y la lucha contra el cambio en particular serán el motor de la transformación. «La necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ha llevado a un mayor uso de las energías renovables», apunta el JRC.

El informe cita tres instrumentos de la UE, cuya política en este asunto no pasa por obligar directamente al cierre de centrales o minas concretas, sino que establece requisitos cada vez más estrictos que obligan a los propietarios a acometer importantes inversiones si quieren seguir operando. Y todo ello en un sector en el que la inmensa mayoría de las centrales eléctricas de carbón tienen ya «más de 30 años», como resalta el estudio, y en el que la mecanización reduce drásticamente el empleo en las minas.

Entre los instrumentos que cita el informe como impulsores del fin del carbón en la UE están «los estrictos requisitos de emisiones para después de 2020» que obligan a hacer importantes inversiones en filtros descontaminantes. También, «los altos precios de las emisiones de CO2» que las centrales de carbón deben pagar. Y la previsible pérdida de los apoyos económicos que las plantas reciben, como los «pagos por capacidad».

Ante esta situación, el JRC advierte de que «se deben tomar medidas pronto para desarrollar oportunidades alternativas» para «mantener o aumentar el empleo» en las zonas afectadas. «Hay que planificar. Y parece evidente, pero no se ha hecho», lamenta Tatiana Nuño, de Greenpeace. «Hay que conocer los empleos emergentes», añade. Nuño recuerda el reciente informe de la OIT en el que se cuantificaba en 24 millones los puestos de trabajo que se pueden crear en el mundo con la aplicación del Acuerdo de París contra el cambio climático.

«El cambio es inexorable», resume Nieto. «Lo que hay que buscar es una transición justa». Y, según este miembro de la OIT, dos factores son fundamentales si se quiere una transición justa: que exista una completa protección social para aquellos afectados que estén al final de su vida laboral y que se creen alternativas para los que están empezando.

El informe del órgano asesor de la Comisión deja la puerta abierta a que alrededor del 13% de la capacidad actual de generar electricidad con carbón de Europa se mantenga gracias a futuras técnicas de captura y almacenaje de CO2. Pero las principales alternativas para las zonas afectadas por esta reconversión ambiental las fija en la instalación de renovables: solar, eólica e hidráulica.

SÁNCHEZ PROMETE UNA TRANSICIÓN «JUSTA» EN ESPAÑA PARA 5.400 PERSONAS

La gran reconversión en España —sobre todo en las minas— ya se ha producido desde los ochenta. A mediados de los noventa, por ejemplo, 30.000 personas trabajaban en las minas, frente a las 3.400 de las que habla el informe del JRC ahora. Otras 3.300 trabajan en las térmicas. Según las estimaciones del JRC, 5.400 empleos del sector se perderán en España. Pero el estudio señala que las zonas afectadas son las que tienen una mayor potencial de la UE en instalación de energía solar y eólica.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prometió ayer en Oviedo una  transición “justa”. Y aseguró que la solución va a ser “dialogada” con los agentes económicos y sociales de Asturias, una comunidad muy afectada. El Ministerio para la Transición Ecológica trabaja ya en un plan de acción para las comarcas en las que de forma inminente se cerrarán las minas que no puedan operar sin ayudas públicas. Antes de que acabe el año se presentará una “estrategia de transición justa”. El plan pivotará sobre los llamados “contratos de transición” para los afectados, una figura ya empleada en Francia para el cierre de sus centrales.

El ministerio lamenta que la información que se ha encontrado del anterior Gobierno es “escasa, especialmente en el ámbito de las oportunidades”. A lo mismo se refiere Joaquín Nieto, de la OIT: “El Gobierno actual debe recuperar el tiempo perdido”.

Fuente.Diario El País, 09 de 09.2018

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Olas de frío a nivel mundial: ¿Qué tan crudo será el invierno en Chile?

La reciente ola de frío y nieve que azotó a Europa abre la interrogante sobre si este tipo de eventos podría replicarse en el hemisferio sur y, en particular, en Chile. Pese al debilitamiento de La Niña, este año los expertos avizoran pocas precipitaciones en gran parte del país y apuntan a una amenaza: el estrés hídrico en la zona central.

La mañana del 26 de febrero, los habitantes de Roma despertaron con una vista inusual: por primera vez en seis años, la ciudad amaneció cubierta de nieve, lo que motivó el cierre de colegios y una serie de alteraciones en el transporte público.

Las frías temperaturas -poco comunes en una fecha tan cercana a la primavera europea- no solo afectaron a la capital italiana. Entre finales de febrero y comienzos de marzo, estas se extendieron por gran parte del Viejo Continente y cobraron la vida de más de medio centenar de personas. Mientras en Polonia se registraron mínimas de hasta -28,7 grados, el Reino Unido enfrentó cancelaciones de operaciones hospitalarias, miles de conductores varados en carreteras y retrasos en servicios aéreos y ferroviarios. En promedio, «Escandinavia, el este de Alemania, los estados bálticos y el norte de Ucrania marcaron 4 grados menos que lo habitual», señala Tyler Roys, meteorólogo de AccuWeather.

La culpa la tuvo una ola de frío que los propios británicos bautizaron como «La bestia del Este». Su origen se debió a un Calentamiento Súbito Estratosférico causado por la división del vórtice polar, la zona que contiene el aire frío del Ártico. «En febrero, tal como una puerta de un refrigerador que permaneció abierta por mucho tiempo, los cálidos vientos de alta presión se precipitaron hacia el Ártico y el aire frío de baja presión salió disparado. El flujo extrajo aire gélido de Siberia y lo empujó a través de Europa», señala Judah Cohen, director del centro de Investigación Atmosférica y Ambiental (AER).

En Alemania «los campos todavía están húmedos, los agricultores no pueden trabajar con sus máquinas y pienso que toda la fase de crecimiento cambiará un poco este año», dice el meteorólogo Dominik Jung, de www.wetter.net. En Gran Bretaña, se estima que las nevadas le costaron a la economía, al menos, mil millones de libras esterlinas por día y el clima severo podría hacer caer hasta un 0,2% del crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. «En términos de escala, la extensión literal del clima frío fue casi sin precedentes», dice Mark Stephens-Row, meteorólogo en The Weather Company, una empresa de IBM.

Un vórtice más fuerte

Mientras el aire siberiano recorría el Viejo Continente, el Ártico experimentó una ola de calor inusual para este momento del año. Esto abrió un debate entre los científicos sobre la influencia del calentamiento global en este tipo de eventos. «Pienso que sí hay una conexión», dice Cohen, quien postula que el clima invernal severo en el este de Estados Unidos es «entre dos y cuatro veces más probable» cuando el Ártico es «anormalmente caluroso». Otros, como Tyler Roys, son escépticos. «Estas olas de frío están asociadas con el calentamiento estratosférico en el Ártico. No se puede vincular un evento meteorológico a si el cambio climático jugó un rol para que este ocurra», apunta.

¿Podría un evento como «La bestia del Este» replicarse en Chile? Para Stephens-Row, «el mismo fenómeno puede ocurrir en el hemisferio sur y las probabilidades pueden aumentar por los cambios en la dirección del viento por encima del Ecuador y la fase del ciclo solar», señala. «Pero tales brotes de frío siempre deben atravesar océanos más cálidos para llegar a América del Sur, mientras que en el hemisferio norte, el aire profundamente frío y no modificado de Siberia puede llegar a Europa sin cruzar el agua».

A diferencia de lo que pasa en el hemisferio norte, el vórtice polar del hemisferio sur, que contiene el aire frío Antártico, es más fuerte. «Eso significa que las probabilidades de que el aire polar se desprenda desde la Antártica hacia los continentes que la rodean sean muy bajas», dice el climatólogo Raúl Cordero, académico del Departamento de Física y líder del Grupo de Investigación Antártica de la Universidad de Santiago. «Eso no significa que no podamos tener un invierno más frío. Pero, que el aire polar Antártico alcance zonas pobladas del hemisferio sur, es muy poco probable».

De normal a seco

El invierno europeo abre la interrogante sobre cómo será el trimestre junio-agosto en Chile. Según los expertos, lo primero que hay que descartar es que esas olas de frío se trasladen a esta parte del mundo. «Los hemisferios están más o menos desconectados. Podríamos tener un invierno frío, pero eso no es porque en Europa haya estado más frío. El clima europeo es muy continental, entonces, pasa por extremos climáticos súper fuertes», dice René Garreaud, del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile y subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2.

Como el invierno europeo no tiene relación con el clima chileno, hay que poner atención a lo que pasa en el Océano Pacífico. En la parte tropical, existe la alternancia de condiciones frías -conocida como La Niña- y condiciones cálidas -El Niño-. «Desde el año pasado estamos en una condición fría. Seguimos estando en La Niña, pero en una condición débil y, lentamente, va a ir dando lugar a la condición que llamamos Neutra», dice Garreaud. «Si uno mira la historia, y los otoños que han sido Niña, uno se da cuenta que esos años son, mayoritariamente, de normales a secos».

A diferencia de lo que pasa en Europa, el hemisferio sur es más oceánico; es decir, posee una mayor proporción de océanos que masas continentales. Por su posición, las localidades y ciudades de Chile tienen temperaturas menos extremas, justamente por la temperatura del mar. «En Chile uno no puede descartar un día de nieve, como el acontecido en julio del año pasado en Santiago, pero una ola de frío de una semana, o 5 días con temperaturas bajo cero, son poco probables», dice el geógrafo y climatólogo Pablo Sarricolea. «Lo que se aprecia de los modelos es que este año va a ser entre normal a seco porque no estamos bajo el efecto de El Niño, que es el que produce más precipitaciones en gran parte del Centro-Sur del país».

Las estimaciones de los expertos locales son compartidas por los meteorólogos extranjeros. Para Jason Nicholls, meteorólogo de AccuWeather, «ciertamente puede haber días fríos en Chile pero nada que se acerque a lo que ha experimentado Europa. Desde junio a agosto, espero temperaturas superiores al promedio en gran parte del país y que pueden ser cercanas a lo normal en el extremo sur. La mayor parte del centro y el norte, probablemente, estará más seca de lo normal y la precipitación será cerca o superior a lo normal desde Temuco al sur».

En la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), sin embargo, optan por ser más prudentes. De acuerdo a su pronóstico estacional para el trimestre marzo-abril-mayo (disponible en www.meteochile.cl), el otoño estará marcado por la disminución de las temperaturas mínimas en gran parte del país y precipitaciones por debajo de la norma entre el sur de Coquimbo y la Región de Los Lagos. Sin embargo, aún no se puede asegurar que esta tendencia continúe en invierno. «Los fenómenos que afectan a nivel trimestral a las estaciones del año están bastante relacionados con fenómenos como El Niño y la oscilación antártica», dice José Vicencio, meteorólogo de la Oficina de Servicios Climatológicos de la DMC. «Pero, más allá de ese plazo, no podemos saber. En ninguna parte del mundo, por ahora, se puede pronosticar de manera exacta con tantos meses de antelación».

Amenaza a largo plazo

Como este invierno podría estar por debajo de la precipitación normal, el 2018 podría sumarse a una cadena de inviernos secos que han afectado la zona central de Chile, un área que consume actualmente hasta el 80% de sus recursos hídricos disponibles. «Incluso el año pasado, en el que percibimos que había llovido más, las precipitaciones fueron, en general, en el rango de lo que se consideraba normal», dice Raúl Cordero. «Si continúa perdiendo precipitaciones producto del cambio climático, las proyecciones que tenemos son que, en dos o tres décadas más, la zona central podría perder hasta un 20% de precipitaciones y eso nos pondría en una situación de muy grave estrés hídrico».

Como la agricultura depende mucho de las precipitaciones, los expertos señalan que estos efectos se podrían ver en los cultivos. «Estos tienen que ver con una reducción del rendimiento o, incluso, con pérdida del cultivo», añade Viviana Tudela, ingeniera agrónoma de la Sección Meteorología Agrícola de la DMC. «Tantos años con precipitaciones bajo lo normal generan una degradación más acelerada de las praderas naturales y deterioro de sistemas productivos de secano basados en cereales de invierno».

A pesar de que este año se avizora un invierno seco, René Garreaud llama a no bajar la guardia: en ese escenario, también se puede producir un evento de alta precipitación que genere contratiempos en ciudades como Santiago. «Pese a que el pronóstico medio sea de menos precipitación, eso nunca va a descartar la ocurrencia de eventos extremos».

Fuente: El Mercurio.

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El cambio climático podría causar ola de alergia al polen

El cambio climático podría desencadenar una oleada de alergias al polen en Europa, según un estudio que publicó a fines de agosto la Universidad de Viena.

Al parecer, esto se debe principalmente al género de plantas conocidas como ambrosías. Según los expertos, el número de personas que podrían desarrollar una alergia al polen se duplicaría en 35 años.

Así, de acuerdo con los cálculos del equipo de investigadores liderado por Michelle Epstein, el cambio climático es el responsable de dos tercios del vertiginoso aumento que tendrían las alergias, que pasarían de los 33 millones actuales a 77 millones.

Además, según el comunicado emitido por la universidad, una mayor concentración de polen de ambrosías y la ampliación de la temporada de floración podrían agravar los síntomas. En torno al 40%  de los europeos sufren al menos una vez en la vida alergia al polen, añaden los expertos.

El estudio está enmarcado en el proyecto europeo Atopica y ha sido publicado en la revista Environmental Health Perspectives.

Fuente: DPA