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Empieza conferencia climática con la urgente tarea de avanzar en la aplicación del Acuerdo de París

Olas de calor, incendios forestales, sequías e inundaciones graves y sin precedentes en todo el mundo.

Con ese telón de fondo, los gobiernos se reúnen esta semana en Bangkok (Tailandia) del 4 al 9 de septiembre para preparar las directrices de aplicación del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Estas directrices son necesarias para que el acuerdo sea implementado de manera justa y transparente para todos.

Tras dos años de negociación, se espera que estas directrices sean adoptadas en la conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP24), que se celebrará en Katowice, Polonia, en diciembre próximo.

Hasta ahora, las negociaciones han dado pasos modestos, por lo que la reunión de Bangkok es la última oportunidad antes de la COP24 para hacer avanzar las negociaciones.

En la víspera del comienzo de la conferencia, Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de ONU Cambio Climático, dijo: «Sobre la base de los progresos logrados hasta ahora, los países deben dar pasos decisivos para lograr en Katowice el resultado ambicioso y equilibrado que necesitamos».

Si no se alcanza un texto oficial de negociación en Bangkok, la COP24 será difícil.

«Es fundamental que en Bangkok los negociadores elaboren un texto sólido que sirva de base para la conclusión de las negociaciones en Katowice con la adopción de las directrices finales de aplicación del Acuerdo de París. Los avances logrados hasta la fecha aún no suficientes para lograr este propósito», dijo la Sra. Espinosa.

«Con sólo seis días de negociación en Bangkok, ONU Cambio Climático está trabajando de manera concienzuda para apoyar de manera eficaz a los países en su importante tarea», añadió.

Aunque su naturaleza sea muy técnica, las directrices de aplicación del Acuerdo de París son necesarias para monitorear los avances que se vayan logrando contra el cambio climático. Estas medidas climáticas deben servir para reducir los efectos del cambio climático, como sequías o las inundaciones, y para dar apoyo urgente a los países en desarrollo para que puedan contribuir a la acción climática.

Las directrices serán esenciales para determinar si se están reduciendo las emisiones al ritmo necesario para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C, y lo más cerca posible de 1,5°C en este siglo con respecto a los niveles de temperatura de la era preindustrial.

Las directrices también son necesarias para que las instituciones derivadas del acuerdo puedas trabajar de manera plenamente operativa.

«Los impactos del cambio climático son peores cada año. Esto conlleva que cada año el sufrimiento sea mayor para los más pobres y vulnerables del planeta, que en definitiva no han contribuido en casi nada a las causas del cambio climático», subrayó la Sra. Espinosa.

«Completar las directrices de aplicación y todos los aspectos operativos del Acuerdo de París servirá para desbloquear la acción frente al cambio climático sobre el terreno. Estamos ante una oportunidad clave dentro del proceso multilateral para que la sociedad en general aborde este problema mundial, sin dejar a nadie atrás», subrayó.

De cara a la COP24, están teniendo lugar numerosos eventos internacionales que ponen de manifiesto avances de la acción climática en todos los ámbitos, tanto económicos como de la sociedad civil, las ciudades o las regiones. Cada vez más actores están alineando sus planes estratégicas con los objetivos del Acuerdo de París.

«Los gobiernos lideran de manera clara el proceso internacional frente al cambio climático, pero ellos solos no pueden hacer frente a este desafío y necesitan el apoyo de todos estos actores, poniendo de manifiesto que se abre camino una nueva forma de multilateralismo más inclusivo», dijo la Sra. Espinosa.

Así lo están demostrando los eventos internacionales sobre el cambio climático cada vez numero. Las recientes semanas del clima en África, Asia y América Latina, la Cumbre de Acción Climática Mundial que se celebrará en San Francisco a mediados de septiembre y la Semana del Clima en Nueva York que tendrá lugar a finales de mes son algunos de esos eventos que reúnen a gobiernos y actores no estatales en torno al tema del cambio climático.

«Estos eventos están demostrando claramente que existe un impulso para la acción a nivel mundial y están demuestrando que el mundo está listo para la aplicación del Acuerdo de París tal y como los líderes mundiales lo habían previsto cuando en 2015 adoptaron el Acuerdo de París», concluyó la Sra. Espinosa.

Sobre la CMNUCC

Con 197 Partes, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) cuenta con un número de miembros que la hace casi universal y es el tratado precursor del Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2015. El objetivo principal del Acuerdo de París es limitar el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 grados centígrados e impulsar esfuerzos para que no aumente más de 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. La CMNUCC es también el tratado precursor del Protocolo de Kyoto de 1997. El objetivo último de todos los acuerdos en el marco de la CMNUCC es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evitará la interferencia peligrosa del ser humano en el sistema climático en un plazo de tiempo que permita a los ecosistemas adaptarse naturalmente y que haga posible el desarrollo sostenible.

Fuente: unfccc.int/es. 03 de septiembre 2018

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Incendios en California: Un desastre no tan natural

El Estado encadena dos años de incendios gigantes por inusuales altas temperaturas, pero también por una mala gestión del bosque y un desarrollo urbanístico peligroso.

No ha hecho más que empezar. Ni siquiera tenía que haber empezado. California está preparada para una temporada de incendios que comienza a finales de agosto y dura más o menos hasta octubre. Este fin de semana, sin embargo, se habrán superado las 332.000 hectáreas quemadas en 2018. Es el doble que la cantidad quemada a estas alturas de 2017. Entre otras cosas, porque el año pasado los incendios más graves se produjeron de octubre a enero. Ya no hay temporada de incendios. Es todo el año.

Dos de los diez incendios más grandes de la historia están activos ahora mismo. El incendio múltiple de Mendocino no estará completamente controlado hasta septiembre, calculan los bomberos. Mendocino está formado por dos incendios que rodean una zona de lagos y bosques a dos horas y media en coche al norte de San Francisco. Esta semana batió el récord de extensión desde que existen registros. El fuego más grande de la historia de California superará este fin de semana las 121.000 hectáreas. Es del tamaño de una ciudad como Los Ángeles o Río de Janeiro. El anterior fue el año pasado. Cuatro de los cinco incendios más grandes de California se han producido en la última década.

Los incendios de julio y primeros de agosto en California han dejado decenas de miles de personas fuera de sus casas. Solo los evacuados por el llamado incendio Carr, en los alrededores de Redding, al norte del Estado, se calculan en unos 37.000. Es el más destructivo hasta el momento. Empezó el 23 de julio y hasta el sábado había quemado 1.077 casas y otros 500 edificios. Está controlado en un 55%. El gigantesco incendio múltiple de Mendocino ha destruido solo 139 casas. El incendio más mortífero en tiempos recientes fue el de Santa Rosa, a una hora al norte de San Francisco, en octubre del año pasado. Siendo 10 veces más pequeño que el de Mendocino, mató a 22 personas al devorar un barrio entero antes de que pudiera ser evacuado.

El gobernador del Estado, el demócrata Jerry Brown, que impulsa una agresiva política de lucha contra el cambio climático, repitió que se trata de la “nueva normalidad”. Ya lo había dicho en diciembre. “Durante la próxima década tendremos más fuego, más destrucción, más miles de millones gastados”. El cambio climático tiene su parte, dicen los expertos, pero también una mala gestión de los bosques, una excesiva colonización del campo y cierta mala suerte.

El pasado enero, un grupo de investigadores de la Universidad de California en Berkeley presentó un estudio en el que aseguraban que los cuatro años de sequía (2011-2015) habían dejado alrededor de 100 millones de árboles muertos en California. Es decir, una hoguera lista para ser encendida. “La mortalidad de árboles actual es tan grande que existe un gran potencial para incendios masivos en las próximas décadas”.

“Los bosques se han hecho más peligrosos por la forma en la que se gestionan”, explica en una entrevista telefónica Scott Stephens, profesor de ciencia de los incendios en Berkeley y uno de los autores de ese estudio. Stephens se refiere a la política de apagar sistemáticamente cualquier fuego que se produce, que ha sido hasta ahora el estándar en la forma de actuar. “Al apagar los fuegos, el bosque sigue creciendo y hay más combustible en el suelo. Es mejor dejar que entre el fuego en el bosque”.

La responsabilidad que sí se le puede atribuir al cambio climático es que los veranos son cada vez más largos y más calurosos, es decir, las condiciones para que todo eso arda cada vez se prolongan más tiempo. “En julio hemos tenido las condiciones de septiembre” en cuanto a calor y sequedad, dice Stephens. “Normalmente los fuegos son en septiembre y octubre. Lo de julio es territorio nuevo”.

A la brutal sequía siguió un año inusualmente húmedo, que hizo crecer el chaparral y la hierba más de lo normal, y después un invierno seco, el de 2017, que ha convertido todo eso en aún más combustible. Y ahora, hay que sumar unos meses de junio y julio muy calurosos para California. “Estamos viendo una especie de tormenta perfecta de sequía, calor sin precedentes, mucho combustible y mucha gente viviendo en zonas boscosas”, dice Lenya Quinn-Davidson, investigadora de la Universidad de California en Eureka. Quinn-Davidson sí cree que el cambio principal en la última década es el clima. “Hace demasiado calor. Ya no refresca suficiente por la noche”.

Yana Valachovich, asesora sobre bosques en la Universidad de California en Eureka, responsabiliza sobre todo a la forma de atacar el fuego, que “ha acumulado combustible durante 100 años” y al excesivo desarrollo urbanístico en el campo. La actividad humana es la principal causa de los incendios forestales, intencionados o no. El fuego que mató a más de 20 personas en Santa Rosa el año pasado fue provocado por un poste de la luz. Además, “hace más difícil luchar contra el fuego y provocar fuegos buenos” que ayudarían a limpiar el bosque.

Este es el punto principal que los expertos destacan. Al apagar todos los fuegos sistemáticamente, la naturaleza no hace su trabajo de limpiar de vez en cuando el monte. Cuando se inicia un incendio, especialmente en estas condiciones de “tormenta perfecta”, se hace gigantesco. Por eso son cada vez más grandes. “Hemos creado nuestro propio problema y debemos asumir la responsabilidad. Si lo piensas, el fuego es el único desastre natural que combatimos. Con los demás, nos preparamos y nos adaptamos. Con el fuego hacemos lo contrario”, dice Quinn-Davidson. “Espero que podamos convertir esto en una oportunidad”, añade Valachovic.

Cuando el público aún digería el récord de Mendocino, el lunes se inició un nuevo fuego en el sur de California. El llamado incendio Holy comenzó en una ladera del bosque nacional de Cleveland, a una hora y media al sureste de Los Ángeles. En solo una semana ha crecido hasta las 7.600 hectáreas y ha obligado a evacuaciones forzosas en pueblos cercanos. Está controlado en un 10%, sigue amenazando viviendas y los bomberos no esperan tenerlo rodeado hasta el 15 de agosto. En este caso hay un detenido. Un hombre de 51 años que vivía en una cabaña en el bosque y está acusado de haber iniciado el fuego intencionadamente.

Los telediarios de California muestran imágenes de suburbios de postal bañados en líquido retardante rosa esparcido desde un Boenig 747. Las fotos del cielo naranja apocalíptico invaden las redes. En plena turística, el parque nacional de Yosemite, una de las joyas del Estado, lleva 20 días cerrado porque otro incendio cercano lo hace irrespirable y peligroso. Los equipos antiincendios pasan ocho meses desplegados en el campo en vez de tres, saltando de una punta a otra del Estado. Ya han muerto 10 personas. La “nueva normalidad” está aquí.

Fuente: El País. 12 agosto de 2018

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FMI: Países pobres perderán 10% del ingreso per cápita por cambio climático

El Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayó hoy que los países pobres serán incapaces de hacer frente por si solos a los efectos económicos del calentamiento global sin un «esfuerzo global» de las economías desarrolladas, y calcula una pérdida estimada del 10 % de su producto per cápita hasta 2100.

«Si no hay esfuerzos globales para frenar las emisiones de carbono, el previsto alza en la temperatura suprimirá cerca de una décima parte del producto per capita de los países de bajos ingresos para finales del siglo XXI», apuntó el Fondo, en uno de los capítulos analíticos de su informe de «Perspectivas Económicas Globales».

Estas proyecciones se basan en escenarios conservadores, de un alza de un grado centígrado en la temperatura en estos países.

Los canales a través de los cuales se transmitiría este frenazo económico es la menor producción agrícola, la ralentización de las inversiones y los daños a la salud.

El reporte enfatiza que, «dado que las economías avanzadas y emergentes son las que han contribuido en gran medida al calentamiento global y se prevé que continúe, ayudar a los países de bajos ingresos a encarar sus consecuencias es un imperativo humanitario y una sensata política económica global».

Para el organismo dirigido por Christine Lagarde, uno de los principales problemas es que «las políticas domésticas de estos países no son suficientes» para protegerles debido sus escasos recursos económicos, al citar ejemplos de algunos de los países más expuestos como Haití, Gabón o Bangladesh.

«A medida que las altas temperaturas desborda los límites biofísicos de los ecosistemas de estos países, se podrían desencadenar epidemias más frecuentes, hambrunas, y otros desastres naturales, a la vez que se alimenta la presión migratoria y el riesgo de conflictos», indicó.

Cerca del 60 % de la población mundial, recordó el Fondo, vive en países donde el calentamiento global probablemente produzca estos «efectos perniciosos».

El FMI presentará su informe completo, con las nuevas proyecciones de crecimiento global, en el marco de su Asamblea Anual que se celebrará en Washington del 10 al 15 de octubre, y a la que acudirán los ministros de economía de sus 189 países miembros.

Fuente: EFE.

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Gobierno envió proyecto para ratificar Acuerdo de París

Este martes fue ingresado a la Cámara de Diputados el proyecto de ley que aprueba el Acuerdo de París, para bajar las emisiones de gases de efecto invernadero.

La presidenta Michelle Bachelet firmó el acuerdo internacional en septiembre, con lo que Chile se compromete a disminuir al menos 30% de sus emisiones al año 2030, en base a lo que se emitía en 2007 y según el crecimiento económico, o en 45%, con ayuda internacional, además de recuperar 100 mil hectáreas de bosque.

‘Esperamos una pronta ratificación del acuerdo por parte del Congreso para avanzar en este esfuerzo común de la humanidad, alineado con las prioridades de crecimiento y desarrollo del país’, dijo el ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Con el paso por el Congreso se busca la ratificación del tratado, algo que ya han realizado 86 países, y por lo que el acuerdo entrará en vigencia el 4 de noviembre.

El atraso en la ratificación de Chile, sin embargo, lo dejará fuera de las opiniones y votos en la próxima COP22, que comienza el 7 de noviembre en Marrakesh, Marruecos, donde podrá asistir como oyente.

30% menos emisiones en 2030, en base a 2007 y según el crecimiento del PIB es la meta mínima de Chile.

 Fuente: La Tercera
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Nuevo estudio confirma que las grandes represas son una fuente principal de los gases causantes del cambio climático

Un nuevo e importante estudio a cargo de investigadores de la Universidad del Estado de Washington da cuenta que los embalses de las grandes represas son una fuente “subestimada” de gases de efecto invernadero, principalmente metano, un contaminante 34 veces más dañino que el dióxido de carbono. La investigación evidencia además que todos los embalses, no solo los construidos en zonas tropicales, son gran fuente de emisiones contaminantes a la atmósfera.

De acuerdo con el estudio, los gases contaminantes provienen de la descomposición de la materia orgánica que es inundada por los embalses artificiales de agua. La contaminación generada es de gran magnitud. Los embalses generan 1.3 por ciento de los gases de efecto invernadero de toda la humanidad en un año (más que todas las emisiones contaminantes de Canadá) y el 80% de esa contaminación es metano, señala la investigación.

“En toda América, gobiernos están impulsando la construcción de cientos de grandes represas, sobretodo para producir energía, argumentando que ayudan a mitigar el cambio climático al ser fuentes limpias”, explicó Astrid Puentes Riaño, codirectora de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA). “Es cada vez más claro que las grandes represas, más que una solución, son un problema. Los líderes del mundo deben con urgencia empezar a planificar e implementar soluciones energéticas alternativas a fin de conseguir un avance real en la lucha contra el cambio climático”.

Junto con una coalición de organizaciones de la sociedad civil, AIDA, Amazon Watch e International Rivers hemos insistido por años que la implementación de grandes proyectos hidroeléctricos -como la represa Belo Monte en Brasil- causan daños serios al ambiente, el clima, y a los derechos de las comunidades afectadas.

“Las grandes represas son uno de los causas más importantes de la destrucción ambiental en la Amazonía”, dice Leila Salazar-López, directora ejecutiva de Amazon Watch. “Además de emitir metano, destruyen la biodiversidad y los bosques ancestrales de miles de comunidades indígenas y tradicionales que han vivido por siglos de los ecosistemas ribereños. Es imprescindible calcular los costos reales de las grandes represas para entender todos sus impactos y no generar más daños que beneficios”.

Como organizaciones trabajando en la promoción de soluciones reales al cambio climático, estamos dispuestas a compartir evidencia científica sobre los daños de las grandes represas con gobiernos, organismos internacionales e instituciones financieras, para contribuir al cambio energético que todos necesitamos.

“Los nuevos hallazgos tumban el mito de las hidroeléctricas como fuente limpia de electricidad y ponen de relieve porqué las grandes represas deben ser excluidas de los mecanismos de financiamiento climático”, dijo Kate Horner, directora ejecutiva de International Rivers.

Los hallazgos de este nuevo estudio deben ser considerados en los inventarios de emisiones contaminantes que contribuyen al cambio climático, y en la ejecución de programas y planes orientados a resolver nuestras necesidades energéticas.

Para más información consulte:

Ver estudio completo de la Universidad del Estado de Washington (en inglés) aquí.

10 razones por las que las iniciativas climáticas no deberían incluir grandes proyectos hidroeléctricos (Lea manifiesto aquí).

Carta abierta a organismos internacionales, gobiernos e instituciones financieras para que dejen de considerar a las grandes represas como energía limpia e implementen soluciones reales al cambio climático. Léala aquí.

Fuente: aida-americas.org

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Fundación Terram expuso en Cumbre mundial climática en Francia

Fundación Terram fue uno de los invitados a exponer en la Cumbre Mundial de Actores Climáticos (Climate Actors World Summit), que se celebró en la ciudad de Nantes, Francia, entre el 26 y 28 de septiembre.

El encargado de exponer desde Terram fue el periodista Ricardo Bustamante, quien participó en el taller ‘Gobernanza y Clima en América Latina’, el 28 de septiembre, con una presentación sobre la realidad de Chile al respecto, en cuanto al escenario actual, los déficits del trabajo del Gobierno en la agenda climática, además de una serie de propuestas sobre la ausencia de normativas legislativas y los compromisos del país con el Acuerdo de París.

En el panel se contó también con la presencia de expositores de Brasil, Argentina, Ecuador y México, además de la moderación de Michel Schlaifer de CEPAL.

Presentación Terram en Nantes (2016) – Ricardo Bustamante

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Estudiando los gases de efecto invernadero

En el Laboratorio de Biogeoquímica de Gases de Efecto Invernadero (LABGEI) de la PUCV se investiga cómo la producción de CO2, óxido nitroso y metano afecta a diversas zonas de la Antártica, los fiordos, los montes submarinos, los salares, los ríos, Isla de Pascua y frente a Valparaíso.

Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) tienen la particularidad de absorber calor y hacer que en la superficie de la Tierra haya altas temperaturas. En su ausencia habría 18 grados bajo cero, y la vida, si hubiera evolucionado, probablemente no sería como se conoce. Este mecanismo, mediante el cual nuestro planeta guarda calor permitiendo condiciones óptimas para la vida, se conoce como Efecto Invernadero.

Varios de los GEI se producen de manera natural, entre ellos, el dióxido de carbono (CO2), el metano, el óxido nitroso y el ozono. Sin embargo, sus concentraciones naturales se han incrementado drásticamente durante los últimos setenta años como consecuencia de actividades antropogénicas, es decir, que realizan los seres humanos, tales como la quema masiva de combustibles fósiles para obtener energía, la tala de bosques y el cambio en el uso del suelo.

«Nuestras actividades han aumentado esos gases que son capaces de retener el calor y además, hemos incorporado otros que son incluso más poderosos que los naturales como los clorofluorocarbonos. Eso sería el principal responsable de que aumente la temperatura en la Tierra», explica la doctora Marcela Cornejo, académica de la Escuela de Ciencias del Mar de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso e investigadora del Instituto Milenio de Oceanografía.

En el Laboratorio de Biogeoquímica de Gases de Efecto Invernadero (LABGEI) que dirige, la experta en oceanografía química realiza, junto con otras mujeres de ciencia, investigaciones en diversas zonas —la Antártica, los fiordos, los montes submarinos, los salares, los ríos, Isla de Pascua y frente a Valparaíso, entre otras— para determinar cómo funciona cada una respecto de la producción de tres Gases de Efecto Invernadero en particular: el CO2, el óxido nitroso y el metano.

«Las investigaciones científicas muestran que en el océano y los continentes se producen GEI, pero no de manera homogénea, ya que depende de diversos factores, tanto físicos como biológicos. No es posible determinar la producción natural de estos gases de forma global teniendo como referencia un solo punto», sostiene la doctora Cornejo.

ZONAS DE MINIMO OXIGENO

En el LABGEI, las investigadoras estudian no solo cómo los GEI varían en cada zona, sino que también en el tiempo. Es así como han podido determinar que, frente a la costa de Chile, algunos de estos gases se producen considerablemente cuando existen bajas concentraciones de oxígeno.

Por una condición natural, en la zona costera existe una Zona de Mínimo Oxígeno (ZMO) donde las concentraciones de oxígeno decrecen y se producen altas cantidades de GEI. Esas zonas se caracterizan por ser muy productivas, con gran cantidad y diversidad de organismos. En el mundo existen tres principales ZMO: en California, en el mar de Arabia, y frente a Perú y Chile.

«Nuestra zona tiene una variabilidad. Por ejemplo, en verano hay una alta productividad biológica en superficie —como microalgas que hacen fotosíntesis— que consume dióxido de carbono. Sin embargo, en el invierno esa productividad disminuye y aumenta el dióxido de carbono».

A esto se suma el fenómeno de surgencia que lleva agua —con alto contenido de dióxido de carbono, óxido nitroso y metano— desde la parte baja del océano hacia la capa superficial. Posteriormente, esos gases se liberan hacia la atmósfera. «Esto ocurre principalmente en primavera y verano. Estamos conociendo la dinámica de cómo va variando la producción de esos gases en el año», dice la investigadora.

EL PLASTICO Y EL GIRO DEL PACIFICO SUR

A fines de 2015, científicas del LABGEI se embarcaron en un crucero oceanográfico CIMAR desde las costas de Chile hacia Isla de Pascua en el centro del giro del Pacífico Sur, región donde debido a la circulación de las corrientes oceánicas, se acumula alto contenido de basura y plástico.

La investigación se enfocó en determinar qué sucede en esas partículas de plástico en relación con los microorganismos que viven en ese sustrato, ya que si bien esa colonización es natural, existe por la presencia del plástico generado por los seres humanos.

¿Quiénes habitan ese plástico?, ¿producen GEI?, ¿qué procesos metabólicos que producen GEI tienen esos organismos?, ¿qué pasa con la producción de esos gases que de otra forma no existirían?, se preguntaron. Los resultados de los experimentos en microplástico demostraron que, en algunos casos, existe producción de GEI y, por lo tanto, el favorecer esta producción también altera el equilibrio del medioambiente.

«Realizamos este tipo de estudios, porque es importante entender que todas nuestras acciones tienen una repercusión en la naturaleza y se hace necesario determinar su magnitud. Estamos agotando la capacidad que tienen los océanos para regular el clima y mitigar las consecuencias del efecto invernadero», concluye la doctora Marcela Cornejo.

Fuente: La Segunda

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Argentina ratificó el Acuerdo de París

148 votos afirmativos, cuatro negativos y una abstención (155 eran en total los presentes). Así resultó el conteo que definió la ratificación argentina del acuerdo de París, esta tarde, en la Cámara de Diputados.

Ya habiendo obtenido media sanción en Senadores semanas atrás, la decisión posiciona al país a la vanguardia de los esfuerzos internacionales para luchar contra el cambio climático, dado que es el 24to en hacerlo, segundo en el continente latinoamericano (Perú hizo lo propio poco atrás) y segundo también del G20 (Corea del Sur fue el primero).

“Este acuerdo surge de las cenizas de dos fracasos: el Protocolo de Kyoto y la COP15 de Copenhague (en 2009), de donde debía surgir este acuerdo”, afirmó el diputado Juan Carlos Villalonga, en su intervención previo a la votación, al tiempo en que reparó en una de las diferencias entre uno de esos fallos y el actual texto: “El Protocolo de Kyoto tardó ocho años en ratificarse. El acuerdo de París quizás un año. Ojalá eso ocurra”.

Por su parte, el diputado del Partido Obrero Pablo López, al que perteneció uno de los cuatro votos negativos, catalogó al acuerdo como “una farsa”. Y el formoseño Luis Basterra, del Frente para la Victoria, apuntó: “Es un gran avance y aspiramos que acompañen el acuerdo los países más poderosos”.

El documento fue adoptado el 12 de diciembre de 2015, al finalizar la 21ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP21), por los 195 países Parte que componen la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Este –que obtuvo un récord de más de 170 rúbricas al abrir a firmas el 22 de abril durante la Asamblea de las Naciones Unidas, en Nueva York– establece la meta de contener el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2°C respecto de los niveles pre-industriales hacia fin de siglo y de hacer esfuerzos para que este no supere 1,5°C. Con un planeta que, a la fecha, ya se calentó 1°C, el desafío no es menor.

Se trata, en resumidas cuentas, de apuntar hacia la descarbonización de la economía mundial. Así lo plantea el texto parisino en su artículo 4.1: “Las partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de GEI alcancen su punto máximo lo antes posibles (…) y, a partir de ese momento, reducir rápidamente las emisiones de GEI, de conformidad con la mejor información científica disponible, para alcanzar un equilibrio entre las emisiones (…) y la absorción (…)”. En palabras de Enrique Maurtua Konstantinidis, director de Cambio Climático de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), esto implica que “hacia la mitad de este siglo, no se van a usar más los combustibles fósiles”. Dicho de otro modo, con este acuerdo, “que habla de apuntar a una carbono neutralidad, de seguir la ciencia y mantenerse debajo de 1,5°C, está claro que los combustibles fósiles no van más”.

La entrada en vigor del acuerdo, de todos modos, solo sucederá treinta días después de que 55 países partes, representando 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero globales, hayan entregado sus instrumentos de adhesión o ratificación.Hasta ayer, eran 23 los países que lo habían hecha y 1.08 el porcentaje de las emisiones cubierto. Con el paso que dio la Argentina esta tarde, suman 24 países y casi 2% las emisiones.

Fuente: cronista.com

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Sólo 90 empresas, responsables del 60% del cambio climático

Richard Heede es un tipo metódico. Alguien a quien le gusta “poner atención a los detalles”. Era una cualidad necesaria a la hora de calcular las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las principales compañías del mundo. Durante años, con pocos recursos, Heede se dedicó a escarbar en archivos y reportes desde la era industrial hasta hoy. Cuando terminó la tarea, concluyó que tan sólo 90 compañías originaron dos terceras partes de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y, por lo tanto, son responsables del cambio climático.

Heede nació en Noruega pero se crio en Estados Unidos. Cuando estudiaba geografía en la Universidad de Colorado, como lo contó el periodista Douglas Starr en la revista Science, comenzó a interesarse por los subsidios que el gobierno de Ronald Reagan concedía a la industria de combustibles fósiles y la eliminación de apoyo para las energías renovables. Así comenzaba a sumergirse en uno de los mayores desafíos que enfrenta el planeta: el cambio climático.

En 2003, el gobierno municipal de Aspen, Colorado, lo contrató para que calculara todas las emisiones de CO2 de esa localidad. Heede diseñó una metodología y comenzó a recopilar los datos. Calculó el número de emisiones generadas por todos los viajes en avión realizados por los habitantes de la ciudad. También las toneladas de CO2 correspondientes a todos los desplazamientos de los cerca de 13.000 vehículos de Aspen.

Ese trabajo llamó la atención de Peter Roderick, del programa de Justicia Climática de Greenpeace. Roderick le pidió que calculara las emisiones de CO2 generadas en toda su historia por la compañía Exxon. Después de quince meses, en los que escarbó en archivos desde 1870 en dos continentes, concluyó que la compañía petrolera, directa e indirectamente, era responsable de 4,7 % a 5,3 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad.

Sus datos comenzaron a incomodar. Para una parte de los expertos, su enfoque es equivocado. No se puede culpar a las empresas por una responsabilidad que recae en todas las personas. Otros creen que cuando la responsabilidad es de todos, no es de nadie. Heede ha dicho que la mayor parte de los ciudadanos simplemente no tienen la opción de elegir. Sus decisiones ya están determinadas por esas industrias y el sistema económico.

Como lo contó Starr en su reportaje, la siguiente tarea que Greenpeace le comisionó a Heede fue calcular las emisiones de las compañías de hidrocarburos más grandes. En 2013 publicó sus resultados en una revista científica y alborotó el debate sobre la justicia climática. Entre 1791 y 2011, 90 compañías eran responsables por el 63 % de las emisiones globales. Tan sólo las ocho más grandes daban cuenta del 20 %.

Hace un mes, Heede fue citado a la Cámara de Representantes de EE.UU., porque algunos de sus miembros creen que hace parte de una conspiración para afectar la imagen de esas empresas. “Se trata de una campaña para intimidar y detener la investigación científica”, le contó Heede a Science.

Fuente: elespectador.com

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El cambio climático podría causar ola de alergia al polen

El cambio climático podría desencadenar una oleada de alergias al polen en Europa, según un estudio que publicó a fines de agosto la Universidad de Viena.

Al parecer, esto se debe principalmente al género de plantas conocidas como ambrosías. Según los expertos, el número de personas que podrían desarrollar una alergia al polen se duplicaría en 35 años.

Así, de acuerdo con los cálculos del equipo de investigadores liderado por Michelle Epstein, el cambio climático es el responsable de dos tercios del vertiginoso aumento que tendrían las alergias, que pasarían de los 33 millones actuales a 77 millones.

Además, según el comunicado emitido por la universidad, una mayor concentración de polen de ambrosías y la ampliación de la temporada de floración podrían agravar los síntomas. En torno al 40%  de los europeos sufren al menos una vez en la vida alergia al polen, añaden los expertos.

El estudio está enmarcado en el proyecto europeo Atopica y ha sido publicado en la revista Environmental Health Perspectives.

Fuente: DPA